Libros: una historia (mínima) del libro y su industria en México

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Libros: una historia (mínima) del libro y su industria en México

Libros: una historia (mínima) del libro y su industria en México

Tomás Granados Salinas. Libros

Tomás Granados Salinas. Libros. México: Secretaría de Cultura, 2017. 208 pp. Historia Ilustrada de México. Diseño de cubierta ©Francisco Ibarra Meza (Pi Diseño MX)

 

De acuerdo con el informe más reciente del Instituto Cervantes (El español: una lengua viva. Informe 2018), la población de México representa aproximadamente el 25% de la totalidad de la comunidad hispanohablante. Lo siguen, muy de lejos, Colombia, España y Argentina, cuyas poblaciones representan porcentajes que se encuentran entre el 9 y el 10% (según sea el caso).

En contraste con la clara predominancia lingüística y el amplísimo potencial de producción y consumo de bienes directamente vinculados con el idioma, las cifras se revierten cuando se habla de producción editorial, concretamente de la que concierne a la producción de libros. De acuerdo con el mismo informe, mientras España se erige como el principal productor de libros en el ámbito hispanohablante, México se ve desplazado al segundo lugar con una producción que apenas se aproxima al 50% de la del país peninsular, seguido muy de cerca por Argentina y un poco más de lejos por Colombia.

Al momento de ampliar el panorama al mercado internacional, el mercado del libro mexicano se ve desplazado al decimoctavo lugar, muy por debajo de España, que en este rubro ocupa el noveno lugar. En lo que respecta a exportaciones, México prácticamente desaparece del informe, mientras España ocupa el tercer lugar, solamente superado por el Reino Unido y Estados Unidos, países que ocupan el primero y el segundo lugar, respectivamente.

Las razones por las cuales la industria mexicana del libro no ocupa el lugar que debería ocupar si se toma en cuenta las dimensiones de su población son sumamente complejas y responden a factores de diversa índole. Quizá la respuesta más inmediata sea la que ofrece el editor mexicano Tomás Granados Salinas en Libros, un opúsculo de apenas 200 páginas en el que se revisa la totalidad de la historia del libro y su industria en México, desde la época  prehispánica hasta prácticamente el día de ayer.

De entrada, las conclusiones que arroja Libros son desalentadoras pero no por ello menos ciertas. En primer lugar, que la industria editorial mexicana se encuentra anclada en la periferia de la industria y rezagada en lo que a la revolución digital se refiere. En segundo lugar, que las condiciones en las que opera son sumamente precarias. Y, en tercer lugar, que a pesar de sus buenas intenciones, las instituciones públicas siguen sin ofrecer las condiciones adecuadas para que la industria desarrolle su potencial y que de esta manera el sector editorial se convierta en uno de los baluartes económicos más importantes en el área de la cultura en México.

A lo largo de cinco capítulos, Libros se propone explicar los orígenes de la situación actual revisando con cierto detalle la llegada del libro español al territorio americano y su implementación en Mesoamérica, el arribo de la imprenta y el consecuente desarrollo de aquellos oficios o industrias vinculadas a ella (el diseño editorial y la fabricación de papel), los puntos de venta y su evolución, la censura y los derechos de autor y, por último, el papel del Estado como gran editor durante casi la totalidad del siglo XX.

De esta manera, el tapiz que dibuja Libros es el de una industria editorial en la que se vislumbran con claridad dos etapas.

La primera de ellas surge con la caída de Tenochtitlan y el nacimiento de la Nueva España. Durante este primer periodo, marcado por la destrucción de la mayoría de los testimonios prehispánicos, se implementa un sistema editorial cuyos objetivos primordiales serán la evangelización y el adoctrinamiento. Marcado por el férreo control civil y eclesiástico, y condicionado por la escasa disponibilidad del papel, el libro de la Nueva España se vio vinculado desde su inicio a la mejor tradición europea de la impresión desde el momento en el que Juan Pablos establece la primera imprenta en América por encargo de Juan Cromberger. Quizá sin habérselo propuesto, el mismo taller de Juan Pablos fue el detonante de una incipiente industria a la que más tarde se sumarían los nombres de Antonio de Espinosa, Pedro Ocharte, Pedro Balli y Enrico Martínez, por mencionar a los pioneros.

La segunda etapa del libro en México habría comenzado en los albores de la Independencia, aunque su actual configuración no habría tenido lugar sino hasta principios del siglo XX. Durante esta etapa las librerías habrían conocido un periodo de expansión y esplendor, pero también de declive que, de hecho, se prolonga hasta la actualidad, con la desaparición de las librerías especializadas y el establecimiento de unas pocas cadenas de libros. El Estado se habría convertido en el gran impulsor de la educación y la alfabetización con la creación de los hitos editoriales del Fondo de Cultura Económica y la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito (Conaliteg). Habrían surgido unas pocas editoriales privadas de suma importancia y, a principios del siglo XXI, despuntarían algunas editoriales independientes sumamente prometedoras. En cuanto a promoción y divulgación editorial, se habrían consolidado importantes ferias del libro (nuevamente impulsadas y patrocinadas por instituciones públicas).

La conclusión que se desprende de la lectura de Libros es que, en suma, el sector editorial del libro en México siempre se ha encontrado condicionado por su dependencia o cercanía a los poderes y las instituciones públicas, unas veces con el objetivo de controlar y dirigir el contenido de las publicaciones, otras con el fin de erradicar el analfabetismo y elevar el nivel educativo.

Sea como fuere, el diagnóstico no podría ser más certero: a pesar de su altísima calidad y a pesar de contar con ciertas características que le permitirían tomar el liderazgo en el ámbito hispánico, el sector editorial mexicano se encuentra en un estado larvario o potencial, entre otras razones por su fuerte dependencia de lo público, al día de hoy plenamente vigente.

Con todo y sus limitaciones, es importante señalar que el sector editorial mexicano ha conseguido un lugar envidiable en el ámbito hispánico del libro. Su imponente infraestructura institucional alrededor del libro y su pequeño pero entusiasta público interesado en las expresiones culturales vinculadas al libro son factores que los protagonistas del sector editorial en el extranjero ven con cierta envidia y, por supuesto, preguntándose cómo podría emularse en sus propias industrias. Como se ha visto, la explicación a esto también se encuentra en Libros.

En términos amplios, la importancia de Libros radica, precisamente, en el panorama que ofrece del sector editorial en México. Nada de lo esencial en la historia mexicana de la edición queda fuera de sus páginas. Pese a su brevedad, como punto de partida para historiar y reflexionar sobre el sector en México podría decirse que resulta de lectura obligada.

 

Librería El Péndulo. Ciudad de México. Foto: Second-Half Travels (Flickr)/(CC BY-NC 4.0)

 

2018-08-23T20:46:23+00:00 23 agosto, 2018|Editores, Editorial, Libros, Reseña|0 Comentarios

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